El edificio que cambia un barrio

Los arquitectos malagueños José Antonio Mota e Ignacio Gallego han reformado un viejo inmueble de 1961 de la calle Hilera, destinado originalmente para almacén, y lo han transformado en la espectacular sede del Grupo Vértice.

       

 

Aspecto del inmueble de la calle Hilera tras la rehabilitación Carlos Criado

ALFONSO VÁZQUEZ. MÁLAGA Aunque de gustos no hay nada escrito, había cierto consenso entre muchos malagueños a la hora de calificar cuando menos de insulso un destartalado bloque de aires racionalistas de la calle Hilera, levantado en 1961 para que sirviera de almacén y que en los últimos años acogía una academia.

Edificio singular
Desde hace unos meses se ha convertido en uno de los edificios más significativos de Málaga gracias a la remodelación realizada por los arquitectos malagueños José Antonio Mota e Isidro Gallego, del estudio Gallego&Mota, que ganaron el concurso privado convocado por el Grupo Vértice para convertirlo en su sede.

Estos dos arquitectos, amigos desde la infancia, se centraron desde el primer momento en las enormes posibilidades del inmueble. «Una de las cosas que más nos llamó la atención fue el sitio que ocupaba, es la cabecera, la entrada y salida de Málaga y hasta parece que está exento, aunque no lo está», comenta José Antonio Mota.

«Queríamos transmitir la sensación de fuerza y energía, una metáfora de un grupo empresarial que genera dinamismo en la ciudad», resalta Isidro Gallego, que añade que es muy importante que cualquier sede empresarial «transmita singularidad».

Quizás lo más llamativo sea el cerramiento, poco convencional porque está lleno de espectaculares líneas diagonales, a base de GRC, un hormigón reforzado de vidrio de color blanco para subrayar el aire mediterráneo y que pesa la mitad que un cerramiento tradicional.

A este respecto, Isidro Gallego explica que lo que convierte esta fachada casi «en una escultura», es que detrás no tiene pegados los vidrios sino que estos están retranqueados por una galería de mantenimiento de unos 50 centímetros para facilitar las labores de limpieza.

Al estar totalmente acristalado pero con estos paneles de GRC, «hay más luz que si tuviera ventanas acristaladas y no es un edificio de oficinas molesto para los trabajadores, sólo con ventanas, como el de la Gerencia de Urbanismo», recalca José Antonio Mota.

En este sentido, Isidro Gallego recalca que los usuarios del inmueble reformado tienen protección solar gracias a los paneles y al mismo tiempo «están siempre con mucha luz pero en sombra». De paso, se consigue un cerramiento estanco tanto acústico como hidrotérmico. Además de reforzar la estructura del bloque, el interior ha quedado diáfano, con los despachos separados por mamparas de vidrio.

El inmueble cuenta con un sistema de regulación automática de la climatización y por la noche se ilumina la galería de mantenimiento con bombillas de tipo leds con las que el edificio va cambiando de color.

El resultado final, indica Mota, supone también que la zona «se revaloriza». De hecho, los vecinos del edificio colindante ya han pedido rehabilitarlo y pintarlo de blanco como la sede de Vértice.

En cuanto al presupuesto, Isidro Gallego ironiza al asegurar que «ha costado la octava parte de lo que cuestan las lamas de la Gerencia de Urbanismo» y es que la nueva sede administrativa de El Bulto no es, a su juicio, ni un ejemplo de gasto racional ni una buena solución constructiva.

Los arquitectos malagueños se muestran muy críticos con el planeamiento urbanístico de la capital de la Costa del Sol. «El urbanismo en Málaga está perdido, no existe, está siempre a expensas de los intereses políticos», lamenta Gallego.
Con respecto al inmine
nte hotel de Rafael Moneo dentro del casco histórico, lo rechaza con rotundidad: «Moneo ha planteado un mamotreto en mitad del río que es una nueva barrera entre Málaga y el mar que no ayuda en absoluto, de mamotretos cercanos al mar ya tenemos bastante».

Los arquitectos malagueños, que son los autores de la comisaría del Puerto de la Torre, quedaron terceros en el concurso de proyectos para el Museo Thyssen. Su idea de la parte moderna era una fachada de vidrio serigrafiado con árboles que ofreciera una especie de jardín a la parte que da a la iglesia del Sagrado Corazón.

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